domingo, junio 06, 2010

Lenguaje y errores de comunicación

Amiga mía, esto es con mucho cariño para ti. No sabes cuánto te quiero, en serio hemos compartido mucho y, por lo mismo, cada día te quiero más. Por el mismo motivo, me sigo sintiendo culpable por el que hayas pasado por un momento desagradable. Sé que me dirás "no es tu culpa", y que incluso dirás que "es mejor que haya pasado ahora y en este contexto"; pero nada de eso me quitará el sentimiento de culpa. No obstante, unas palabras de apoyo podrían hacerme sentir que me redimo de algo. Un poco, al menos.

¿Qué es lo difícil de la comunicación? ¿Te has preguntado por qué tanta violencia, intolerancia, incluso guerra? ¿Quién tiene la culpa? ¿Sólo el intolerante? ¿No será también el tolerante, que es intolerante ante la intolerancia?

Esto no es una apología de nadie, sólo te diré qué me sirvió para aprender a conversar.

Siguiendo el orden enfermizamente lógico de tu amigo, podemos partir preguntándonos: ¿qué es la comunicación? Ésta no es nada irrelevante cuando la piensas, ya que es la forma en que traspasamos información los unos con los otros. Se hace a través del lenguaje, y tanto la comunicación como el lenguaje son esenciales para la perpetuación de una cultura. Las ideas no mueren si es que alguien las mantiene a través de los años: el cristianismo es un mensaje que ha durado dos milenios y transformó la cultura occidental; el desarrollo filosófico de la Antigua Grecia, principalmente en el ámbito político, ha perdurado aun más de dos siglos (la democracia, "el mejor régimen político inventado hasta ahora", es un legado de esta época); si nos vamos más lejos incluso, podemos llegar hasta el desarrollo de matemáticas o la agricultura, grandes revoluciones que se encuentran desde hace más de 3.000 años atrás. Pero este mensaje no se trata del milagro comunicacional (todo un tema), sólo quiero ilustrarte lo improtante que puede llegar a ser.

Una vez que nos hemos preguntado qué es la comunicación y cuál es su medio o canal, y ya que nos hemos preguntado cuál es su objetivo, tenemos la capacidad de ir a la siguiente pregunta: ¿cuáles son sus límites y errores?

Acá tenemos una gran dificultad, un angustiante peligro. Si tomamos el peso de la comunicación, como lo vimos recién, obviamente podemos notar que pueden darse graves consecuencias cuando no se entiende bien.

Para entender sus límites, neecsitamos saber cuáles son sus elementos, porque cuando conoces los elementos de una cosa, conoces sus propiedades, y con éstas, conoces sus límites.

Los elementos de la comunicación son, en su forma más básica y arcaica, un emisor que entrega un mensaje a un receptor a través de un medio o canal y en un contexto determinado. Para efectos de este escrito, la comunicación que nos interesa se da entre PERSONAS, a través de un lenguaje CREADO POR NOSOTROS, que consiste en expresiones corporales y verbales, cuya semántica está dada por un consenso. A su vez, las personas somos imperfectas por definición y, por lo mismo, todo lo que podamos crear es imperfecto. Luego, la comunicación, que ha sido creada por las personas, es imperfecta.

¿Fome hasta ahora? Puede ser, pero es mi forma de demostrar las cosas, explicándolas lo más lógica y ordenadamente posible.

Entonces, tenemos la definición, importancia, elementos y algunas propiedades. Ahora nos preguntamos, ¿qué es lo que la hace imperfecta? Y nos respondemos, primero, cuándo algo es imperfecto. Algo es imperfecto cuando no cumple a cabalidad su propósito. El propósito básico de la comunicación es traspasar información. ¿Cuándo falla esto? Cuando una persona quiere decir algo a su receptor, pero éste no entiende o, peor aún, entiende mal.

Entonces, ¿qué hace que el mensaje llegue mal? Tratando de llegar al punto, podemos constatar que las personas funcionamos por razón y emociones, y lo que nosotros pensemos, digamos o escuchemos, estará sometido a una respuesta emocional. A veces, pensamos algo a raíz de cómo lo sentimos; y otras, reaccionamos sintiendo luego de algo que pensamos. Así, muchas veces nuestro pensamiento compromete emociones ante el tema, lo que dificulta una conversación 100% fluida o incluso sana. A esto debemos agregarle otras dificultades más comunes y evidentes, como lo son los prejuicios y las imprecisiones del lenguaje corporal o conceptos del verbal.

Finalmente, teniendo estos límites presentes, se vislumbran algunas posibles soluciones. Ayuda mucho tener estos límites presentes al momento de conversar. Como planteaba en un principio, ¿los problemas están en el intolerante o en el tolerante? La culpa no es de ninguno, son sólo errores de comunicación. Claramente, el intolerante siempre pone más límites a una conversación; pero el tolerante también cuenta con las herramientas para mejorar la conversación. Antes de comenzar una conversación, es muy útil desprenderse de los compromisos emocionales que se tienen ante el tema, no alarmarse ante las expresiones u opiniones del otro y, sobre todo, aprender a identificar lo que quiere decir el otro, más que lo que realmente dice. Este último punto es de los más importantes, porque a veces, para poder tener una buena conversación, no es necesario exactamente saber escuchar, sino que saber entender. Las personas se expresan de múltiples formas para decir una misma cosa, y muchas veces ocurre que la gente pelea fuertemente incluso cuando opina lo mismo. ¿Por qué? Porque lo dicen de forma distinta.

Es un gran desafío identificar los propios prejuicios, las propias imprecisiones del lenguaje, trabajar y sobre ellas y aprender a que el resto puede tener errores mucho más grandes. Lo más útil, en esos casos, es saber qué quiere decir, más que qué está diciendo.

Recuerda, amiga mía, que te quiero mucho. Espero que esto te ayude en el futuro.