lunes, agosto 11, 2008

Corazón Indiscreto

Y caminaba por las calles, se hacía paso entre la niebla. Iba caminando con desesperación, como si las respuestas vinieran dispersas en el aire. Trataba de tomar todas esas respuestas con el máximo fulgor.
Prefirií las calles oscuras, buscaba el silencio. No sabía por qué, pero lo buscaba. ¿Qué era? Algo se agitaba.
Las calles le abrían paso, el mundo quería dejarlo pasar. Iba con determinación, nadie sabía hacia dónde o para qué; pero había determinación. Determinado a perder su vida, quizá. Quizá también buscaba algo con la esperanza de encontrarlo. Iba con determinación.
De pronto, luego de mucho camino, lo seducía una calle que aparecía ente él, oscura y silenciosa. Una luz tenue le insinuaba que podría sumergirse en lo profundo de la calle y, junto con ella, de sí mismo.
Entró con audacía por esas calles que tanto lo llamaban. Mientras caminaba, percibía cómo el ruido y la vida se quedaban tras su espalda. Todo lo iba dejando atrás, de a poco encontraba lo que buscaba, aunque no supiera lo que esto era. De imprevisto, corrió agitadamente. Sentía que se acercaba a esa paz que anhelaba. Se acercaba, se acercaba. Corría cada vez con mayor premura. Hasta que sintió que ya estaba solo. Solo él y la Naturaleza... una naturaleza muda que parecía guardar silencio de manera reverancial a su presencia... a su patética presencia. Entonces fue cuando sintió un susurro. No supo identificarlo en un principio, pero algo escuchó. La voz tomaba más impulso, al igual que los latidos de su corazón. Se agitaba, se agitaba cada vez más. Junto con eso, escuchaba y escuchaba cada vez con mayor claridad. "Te amo"... escuchaba asustado y con desesperación. No sabía de dónde venía, pero su pecho saltaba y la voz vociferaba. En medio de la desesperación, notó de dónde venía esa voz. Se asustó aún más, no conseguía arrancarse y sólo pudo salir corriendo. Corrió, corrió, corrió y corrió. Saba lo mismo hacia dónde, él sabía eso; pero corrió de todas formas. Tenía miedo de detenerse y escuchar esa voz. Corrió hasta donde pudo. Se detuvo, mas no por mucho correr, sino porque los caminos eran tortuosos. La voz empecó a sentirse, partió ese murmullo que apuñalaba el corazón.
Caminó mientras se tragaba la angustia que lo carcomía y que buscaba salir en chorros por los ojos. Sus pasos eran ahora inseguros, estaba asustado como si fuera un ciervo acorralado por fieros depredadores. Incluso tenía esos ojos negros, profundos y brillantes por el miedo y la búsqueda de un perdón... de misericordia. La vida se le tiraba encima, lo quería comer, y la voz lo desgarraba por completo. ¿Qué hacer?
Entre sus reflexiones de torbellino, debió doblar. A pesar de no haberlo hecho desde que inició su demacrada caminata, miró hacia al frente. Fue su último movimiento, quizá. Ahí, delante de él, estaba ella. Coqueta y bella como siempre, esta vez no compartía sus encantos con el mártir caminante, lo hacía con "alguien". Un alguien especial, un alguien que ambos conocían de antes y con el que sintió muchos celos, en su momento, el pobre enamorado. Hoy estaban los dos ahí, una mezcla entre su amor recién despedido y la reencarnación del miedo y los celos. Ambos en una conjunción de muerte, ambos acertando el último y más venenoso golpe punzante al corazón. Hace tan poco que se habían despedido... él estaba extrañándola, buscando la forma de sacársela de los pensamientos y de sus sentimientos, sacársela de la vida. Ella estaba ahí, retomando la vida, rehaciéndola, disfrutando el mundo. Su pecho agitado empezó a vociferar, su corazón indiscreto gritaba "Te Amo", y él no tenía cómo silenciarlo. Los flamantes amantes lo miraron con un gesto de extrañeza y quizá de pena. Algo de compasión llegaron a sentir por esa cara deformada por las penas. Se veía en las arrugas de la frente que debían soportar un dolor inigualable. Sus hombros estaban hacia abajo, como si una fuerza sobrehumana lo jalara hacia el averno. Ahí estaban ellos, las estatuas unidas por un lazo de marfil.

... Con el pecho herido y el corazón en la mano...