domingo, junio 13, 2010

Amor Furtivo

A veces, la vida nos puede entregar obsequios. Hermosos regalos que están dentro de un atractivo envoltorio. No importa cuánto uno se muera por abrirlo... a veces, simplemente están prohibidos.

No te preocupes, mi pequeña, que esto no me tiene triste, ni me tendrá así nunca. Para mí es suficiente verte y tenerte cerca, y cuando estés lejos, será suficiente saber que eres feliz en otro lugar.

Somos cómplices de un delito. ¿Un homicidio? Quizá no tan grave. Pero contigo todo es bonito, porque incluso este crimen me produce cosquillas. Además, mientras esto dure, tendremos un pequeño lazo invisible entre nosotros, donde no habrá nadie más quien lo aprecie. Algo más que nos une, entre tantas otras cosas.

Puede ser que seamos delincuentes, culpables de nuestros sentimientos; pero no te preocupes, que nunca delataré tu nombre. Somos fugitivos, lo acepto. Me declaro culpable, pero aclaro que nunca quise actuar mal. Y si me atrapa la justicia, ¿qué más da? No tenía mucho que hacer.

Sé que esto tiene que acabar, pero, por mientras, ¿me dejas disfrutarlo un poco más? He cometido un delito, pero ha sido uno de los pecados más jugosos entre los que tendré que cargar.

Viviré un tiempo como bandido, porque lo que siento está prohibido. ¿Pero, realmente alguien me podrá juzgar mal? No quiero excusarme, pero quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra. He caído en una falta... y ya que estoy acá, sólo quiero disfrutarla un poco más.