lunes, marzo 17, 2008

Alma moribunda

Sangra el alma, las lágrimas son rojas, el dolor es eterno y la cicatriz es tortuosa.
Existe una incertidumbre que daña la mente: los recuerdos, los anhelos de ayer, la realidad de hoy, lo que espera el futuro... las realidades son contrarias, el dolor aumenta... la sangre corre y el alma pide ayuda en gritos de agonía.
Es opaco el mundo que me espera, se encuentra bajo una nube negra que esconde un ambiente denso de inquietudes, de ignorancias, de miedos, de mentiras y desconfianzas. Existe un miedo constante de aquello que se ignora y sólo queda imaginar. Se deduce lo terrible, sólo se ve lo evidente, lo negro, lo oscuro, lo denso, lo desagradable, lo que desespera.
Lo menos que puedo sentir, con el alma moribunda, es la pena, la angustia, el dolor y el miedo.
En medio de los últimos minutos, sólo puedo extrañar con nostalgia aquella luz que me ha dejado... aquellos luminosos recuerdos y los anhelos del ayer.
En los últimos suspiros, los últimos bocados de aire que me quedan, sólo puedo llorar; pero llorar con orgullo, porque el dolor que siento me redime de lo malo que antes hice. Todo lo que tengo, es porque lo merezco o lo elegí. Es por eso que asumo, y asumo con orgullo. Perecer en la búsqueda de la luz, es mejor que morir sin haberlo intentado, sumido en la oscuridad. Más feliz estoy al saber que muy cerca estuve de aquel resplandor. Es una lástima que en algún minuto escapó, corrió, se posó cada vez máslejos de mí, y hoy se esfumará.
Te veo, te veo, pequeña y amada luz... moriré con tu imagen, porque por ti viví y por ti morí.
Adiós.